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Peces y acuicultura

Peces:elbillónolvidado

Los peces son, con diferencia, los vertebrados más numerosos matados para alimentación — un orden de magnitud por encima de cualquier otro. Sienten dolor. Tienen memoria. Y la forma en que los matamos es la parte más cruel del sistema alimentario.

Sensibilidad

Sí, los peces sienten dolor

Las estimaciones de FishCount y el Animal Welfare Institute sitúan el número de peces matados al año para alimentación entre 1 y 2,7 billones. Unas cien veces más que todos los animales terrestres sacrificados juntos. Casi nunca se cuentan por individuos, sino en toneladas, porque la industria los trata como rendimiento, no como población.

El consenso científico sobre su sensibilidad ya no se discute. La American Veterinary Medical Association, la British Veterinary Association y una revisión de 2021 encargada por el gobierno británico confirman que los peces — y los cefalópodos como pulpos y calamares — sienten dolor, sufren estrés y tienen la complejidad neural suficiente para sufrir.

Los peces son también de los animales que más sufren en cualquier sistema alimentario. Los capturados suelen morir asfixiados en cubierta (10–60 minutos), o se les cortan las branquias y se desangran conscientes. Los salmones de granja a menudo mueren en agua con hielo, lo que prolonga su consciencia en vez de acabarla.

~0,5 bn
Peces matados al año para alimentación (FishCount)
0–60 min
Tiempo típico de muerte por asfixia en cubierta de barco
~0 %
Del marisco viene ya de acuicultura (FAO, 2024)

Acuicultura

La granja industrial submarina

Cerca de la mitad del pescado consumido en el mundo proviene de granjas — sobre todo salmón, trucha, dorada, lubina, tilapia, gambas y panga. Las jaulas de salmón albergan decenas de miles de peces a densidades equivalentes a una bañera de agua por animal. Las plagas de piojos de mar son rutinarias; en Noruega y Escocia es común una mortalidad del 15–25 % antes del sacrificio.

La acuicultura de gambas ha destruido cerca de un tercio de los manglares del planeta — ecosistemas que almacenan más carbono por hectárea que la selva tropical y protegen a las comunidades costeras frente a tormentas.

Si una sola pasada de red puede arrasar un bosque de coral de aguas frías que tardó 8000 años en crecer, la pregunta ya no son las cuotas — es si seguir.

Pesca salvaje

Captura accesoria y el mar vacío

Por cada kilo de gamba arrastrada, hasta 10 kilos de otra vida marina muere como captura accesoria y se devuelve al mar, casi siempre muerta. Las redes de arrastre industrial arrancan cadenas pesadas del fondo marino, destruyendo corales, esponjas y hábitats centenarios que no se regeneran en una vida humana. La FAO clasifica un tercio de las pesquerías mundiales como sobreexplotadas y otro 60 % como pescadas a su máximo límite.

Las etiquetas eco como MSC certifican la supervivencia de la *especie*, no la de los individuos ni la del ecosistema en que viven. El arrastre de fondo — todavía permitido en la mayoría de pesquerías certificadas — destruye coral de aguas frías que tardó milenios en formarse.

Peces y acuicultura

Una comida a la vez, el océano se recupera.

Los peces son también de los animales que más sufren en cualquier sistema alimentario. Los capturados suelen morir asfixiados en cubierta (10–60 minutos), o se les cortan las branquias y se desangran conscientes. Los salmones de granja a menudo mueren en agua con hielo, lo que prolonga su consciencia en vez de acabarla.

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